viernes, 25 de abril de 2008

Loretta Lux en MARCO

Alguien que hace su Servicio Social en el Museo de Arte Contemporáneo me pasó la noticia de que la próxima exposición que habrá en el recinto será de Loretta Lux, prestigiosa fotógrafa alemana especializada en el retrato infantil.

Su “retrato infantil” no es la típica fotografía tierna de Estudio Montes donde está un bebé saliendo de un huevito, ni la imagen forzada que nos tomaron de pequeños con el vestido más incómodo, el fondo más cursi y, para colmo, a la hora de nuestra caricatura favorita. No, no es sólo uno de estos ejemplos. Es una mezcla de los dos llevada a los niveles más extremos. Hay quienes la denominan “surrealista”, pero no me gusta usar esta palabra a la ligera. No vaya a ser que Breton resucite y me coma la cabeza por incluir a alguien en su grupo sin previa autorización.

En sus composiciones fotográficas se hace ayudar por la pintura y por la manipulación digital para conseguir los efectos deseados, a diferencia de otros fotógrafos “surrealistas” como Joel-Peter Witkin que lo hacen todo sólo con ayuda de rollo, cámara, escenografía y modelos. La cabeza y facciones de los infantes son amplificadas para resaltar su carácter psicológico. Para darnos a conocer lo hartos, asustados y aburridos que están los modelos. Los colores son pasteles, pero intensos. Un exceso de dulces para lo ojos, que crea un efecto chocante al mezclarse con la amargura de las poses y actitudes de los pequeños. Los fondos y la utilería siguen siendo como los que tienen en los estudios tradicionales: simulacros de lugares hermosos y divertidos por los que el niño correría si tan sólo no tuviera que estar estático frente a la cámara y si tan sólo no fueran más que escenarios desenrollados frente a la pared.

A diferencia de los fotógrafos de oficio que nos hicieron la infancia de cuadritos, Loretta Lux no quiere esconder la falsedad de la situación. Toma lo artificial del estudio, de los colores y de los resultados y nos los muestra todo tal y como es. Mientras que el fotógrafo de oficio quiere que pensemos que el niño está retozando por un bosque, invitándonos con una sonrisa pero a la vez inconsciente de que es observado, Lux no quiere que veamos nada más que la verdad: que todo lo que vemos es mentira.

Personalmente, ya estoy harta del giro mexicanista tipo libro-de-la-SEP que estaba tomando MARCO durante los últimos meses. En pos de un ideal nacionalista y educativo (hasta donde le convenga a la institución), MARCO se había olvidado de que, en su nombre completo, llevaba por ahí metida la palabra “contemporáneo”. O, quizás, la utilizaban casi como sinónimo de lo “moderno”. Su salón permanente (Sala México) bien podría mudarse al Museo de Historia Mexicana, con todas sus obras del siglo pasado. O a un Museo de Arte Moderno aparte, donde puedan venerar a Rivera y a Kahlo hasta el vómito. Si en Nueva York tienen a Pollock en el Museum of Modern Art y en Londres a Bacon en el Tate Modern, nos vemos un poco extraños al poner a Diego y compañía a la par de gente que sigue trabajando actualmente. Gente que sigue viva y tratando de mantenerse a la vanguardia. Es un alivio ver algo contemporáneo en un museo de arte contemporáneo después de tanto tiempo. Y más ver algo internacional en un museo que ya temía xenofóbico y anquilosado para el que nunca podían haber demasiados cuadros terrosos con sandías y naranjitas.

3 comentarios:

catalina dijo...

Ahora si Cyn, estoy leyendo tus buenos comentarios sobre los museos y sus lagunas mentales sobre su compromiso con el público que pagamos impuestos y que queremos verlos utilizados para lo que fueron destinados, ¿o se le olvida a Marco de donde obtiene gran parte de sus recursos?.

Catalina Blankenship

Anónimo dijo...

hago mi comentario....

no ha que hablar mal de marco, hay que hablar pesimo de ese 'museo'.

cato dijo...

yo quiero ir a ver Loretta Lux!! mi trauma hacia su fotografia nacio a la par del trauma por el superflat!!