Si bien en parte es cierto que son anticuados y elitistas en sus métodos de admisión (sé de gente que ha presentado el examen de admisión y les preguntan quiénes son sus padres y qué es lo que hacen), hasta los programas académicos de las carreras con más siglos de existencia están en constante renovación. Un gran ejemplo son algunos de los exámenes finales en Cambridge.
Los del departamento de estudios clásicos, que deben tener conocimientos avanzados en lenguas extintas, tuvieron como evaluación final la labor de traducir difíciles textos de personajes importantes de la actualidad: Milan Kundera, escritor checo, y Barack Obama, demócrata norteamericano. Mary Beard, catedrática especialista en la cultura grecolatina y que toma un descan
so sabático de la institución mientras termina su libro sobre Pompeya, comenta en el artículo anexo que la misma tarea le fue encomendada en su tiempo, aunque con textos de Thomas Babington Macaulay (historiador y miembro del Parlamento que vivió durante la primera mitad del siglo XIX) y de Sir Winston Churchill (quien llegara a ser Primer Ministro y había muerto cuando Beard tenía sólo 10 años). El autor de La Insoportable Levedad del Ser y el contendiente a la candidatura por la presidencia de los Estados Unidos siguen trabajando y se encuentran más cercanos a los veinteañeros tempranos, quienes no se limitan a reconocerlos de los libros de historia, sino de la literatura contemporánea y de la política del momento. Hacen historia hoy en día, y los jóvenes son parte de esta historia. Los exámenes de traducción son una manera de resucitar las lenguas muertas, que en vez de parecer los zombies lentos y torpes de las películas de antaño, asemejan más a los acelerados y sedientos infectados por la Rabia en 28 Days Later. Siempre en movimiento y siempre en busca de la carne más fresca.
Fea metáfora, pero creo que aclara mi punto.
Mientras tanto, los estudiantes de Literatura Inglesa tuvieron que realizar otro tipo de traducción para su evaluación final. Como pregunta, les fue pedido comparar As You Came from The Holy Land, una lírica de Sir Walter Raleigh, con la letra de alguna de las siguientes canciones: Fine and Mellow de Billie Holiday, Boots of Spanish Leather de Bob Dylan o Love is a Losing Game de Amy Winehouse. Cantautores controvertidos y considerablemente recientes. Los últimos dos siguen vivos. La última, ganadora de cinco Grammys y de dos Ivor Novello a mejor canción (uno de ellos por la letra a analizar), es de la misma edad de muchos de los que presentaron el examen de graduación. Winehouse se encuentra todos los días en los tabloides con sus problemas de drogas y de pareja, así como ocurría con Dylan y Holiday cuando Mary Beard era pequeña. Raleigh, también se dice, era un hombre de armas tomar, encarcelado por contraer nupcias con una mucama de la reina y por conspirar contra el Rey, siendo decapitado por este último cargo después de regresar de una infructuosa expedición hacia El Dorado.
La historia de Winehouse sigue aún en curso, con su marido en la cárcel, una amistad muy cercana con otro “poeta problemático de la música actual”, y con la publicación de not
as cada vez más ridículas y arbitrarias sobre su comportamiento. No se sabe aún si tendrá un final trágico como el de Holiday (quien murió a los 44 años de cirrosis hepática mientras estaba en arresto domiciliario) o si arreglará sus problemas y llegará a ser como Dylan (un legendario artista nominado varias veces al premio Nobel de Literatura y que sigue presentándose en vivo alrededor del mundo) cuando pase el tiempo. Los jóvenes, como en el caso de Kundera y Obama, siguen siendo parte de esta historia. Escuchan las canciones en la radio y verifican las letras en el booklet de los discos, no las leen en libros viejos con caducos derechos de autor.
En el examen, pudieron haberse percatado de los temas comunes en los grandes clásicos literarios y en la canción popular. Los cuatro ejemplos eran sobre el amor, el dolor y la melancolía, estados por los que ha pasado cualquier ser humano en la historia. Los cuatro son escritos siguiendo un patrón de líneas y rimas. Quizás con cambios en la expresión vernácula (los verbos sin terminar de Dylan, la conjugación del verbo to do en plural para un enunciado en singular de Holiday, la conjugación del verbo to have en inglés antiguo de Raleigh) y con el uso de metáforas distintas (el amor como un juego que se pierde de Winehouse, el amor como una fuga que deja de gotear o sigue goteando de Holiday, el amor como un niño ciego y sordo que “se gana con un mundo de desesperación y se pierde con un juguete” de Raleigh), pero siguen reflejando lo mismo.
Los académicos relacionan la cultura popular con la historia universal y viceversa. Se percatan de que lo que forma parte de la historia fue alguna vez cultura popular, no un lujo de ricos y eruditos, sino una manera de entretenimiento de masas. También se dan cuenta que, lo que observa y escucha ahora la gente de todos los estratos, puede ser registrado en los anales de la historia y ser recordado por su contenido y no por el sensacionalismo.
Quizás en cien años Winehouse no sea recordada como una drogadicta en pañales, sino como una joya de la literatura y la música. Así como Holiday, apenas casi cincuenta años después de su muerte, es recordada como la reina del blues y de la voz afro-americana, y no como una alcohólica bígama. Es la obra la que sobrevive al artista. La biografía, con el tiempo, es olvidada por todos menos los especialistas, que la ven sólo como un factor que rodea a la creación y desarrollo de la obra. Si no, ¿Cómo sabrá en un futuro algún experto en la canción popular del siglo XXI por qué Winehouse escribió Rehab, la otra canción ganadora del Ivor Novello?
